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Banská Štiavnica: una parada pintoresca camino a Košice

Foto del escritor: vandeados - Flor y Juan
vandeados - Flor y Juan
hace 18 horas
5 min de lectura

Poco después de cruzar la frontera entre Hungría y Eslovaquia, hicimos nuestra primera parada del viaje: Banská Štiavnica. Íbamos camino a Košice y, aunque inicialmente pensamos en hacer una visita rápida, la ciudad y sus alrededores nos terminaron sorprendiendo mucho más de lo esperado.


Para quienes viajamos en autocaravana, además, encontramos una opción práctica para hacer una parada técnica. Aprovechamos un área cercana para descargar y cargar aguas y después nos dirigimos hacia uno de los numerosos lagos artificiales de la zona: el tajch Klinger, donde dejamos estacionada la autocaravana.


Banská Štiavnica está situada en el centro de Eslovaquia, en las montañas de Štiavnické vrchy, dentro de la región de Banská Bystrica. Se encuentra a unos 170 kilómetros de Bratislava y aproximadamente 240 kilómetros de Košice por carretera, por lo que resulta una parada muy interesante si se está atravesando el país de oeste a este.



Flor por las callecitas de la ciudad
Flor por las callecitas de la ciudad


Una ciudad minera con mucha historia


Banská Štiavnica nació y creció alrededor de la minería. La explotación de oro y, especialmente, de plata convirtió a esta localidad en uno de los centros mineros más importantes de Europa Central durante la Edad Media y la Edad Moderna.


La riqueza que generó la minería se refleja todavía hoy en sus calles, iglesias, casas burguesas, plazas y fortificaciones. La ciudad llegó a convertirse además en un importante centro de conocimiento relacionado con la minería. En 1762 se fundó allí la Academia de Minería, considerada la primera institución de enseñanza superior especializada en minería de Europa.


Todo este conjunto histórico y técnico hizo que Banská Štiavnica y los monumentos relacionados con su actividad minera fueran incluidos en la lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO en 1993. No se protege solamente el casco histórico: el sitio de la UNESCO incluye también el paisaje minero y numerosos restos de las antiguas instalaciones técnicas que rodean la ciudad.



Qué ver en Banská Štiavnica


Nosotros dedicamos unas horas a recorrer tranquilamente el centro. Uno de los aspectos que más nos gustó fue precisamente esa mezcla entre ciudad histórica y paisaje de montaña.


Entre los edificios más destacados están el Castillo Viejo (Starý zámok) y el Castillo Nuevo (Nový zámok). El primero tiene su origen en una antigua iglesia románica que fue transformándose con el paso de los siglos hasta convertirse en una fortaleza. Actualmente forma parte de las exposiciones del Museo Minero Eslovaco. El Castillo Nuevo, por su parte, fue construido como torre defensiva y es uno de los perfiles más reconocibles de la ciudad.



Castillo Viejo
Castillo Viejo

También merece la pena perderse por las calles del centro histórico, caminar por sus plazas y disfrutar de las vistas que aparecen continuamente entre las casas. Es una de esas ciudades en las que no hace falta seguir un recorrido demasiado estricto: simplemente caminar ya permite descubrir rincones interesantes.


Para quienes quieran conocer más sobre el pasado minero de la ciudad, el Museo Minero Eslovaco cuenta con diferentes exposiciones repartidas por Banská Štiavnica. Una de las más interesantes es el Museo Minero al Aire Libre, situado en las antiguas instalaciones de los pozos Ondrej y Bartolomej. Allí se puede recorrer parte de las instalaciones mineras y, acompañados por un guía y equipados con casco, lámpara y ropa de protección, descender a las antiguas galerías subterráneas. 


Otra posibilidad es acercarse a la galería minera Glanzenberg, una antigua galería minera que conserva unos 500 metros de recorrido visitable y alcanza los 32 metros de profundidad. Es un lugar especialmente interesante porque permite adentrarse en una auténtica explotación histórica y comprender mejor cómo se desarrollaba el trabajo bajo tierra.


Si tenés tiempo, merece la pena reservar unas horas para conocer al menos una de estas experiencias. El patrimonio minero es una parte fundamental de la identidad de Banská Štiavnica y ayuda a entender por qué toda esta zona, incluidos sus famosos tajchy, terminó formando parte del Patrimonio Mundial de la UNESCO.





Un paseo por el Calvario


Otro de los lugares que visitamos fue el Calvario de Banská Štiavnica, un recorrido que asciende por una de las colinas de la ciudad y que está formado por diferentes capillas y estaciones relacionadas con la Pasión de Cristo.

Es, evidentemente, un lugar especialmente interesante para los cristianos creyentes, pero nos parece que también merece la pena acercarse aunque no se tenga una motivación religiosa. El camino permite disfrutar de un paseo agradable y, sobre todo, de unas bonitas vistas sobre la ciudad y las montañas que la rodean.



El Calvario visto desde la ciudad
El Calvario visto desde la ciudad


Los tajchy: lagos artificiales creados para la minería


Una de las cosas que más nos llamó la atención de la zona fue descubrir que muchos de los lagos que parecen completamente naturales son, en realidad, reservorios artificiales construidos para abastecer de agua a la industria minera.


Estos lagos reciben el nombre de tajchy y forman parte de uno de los sistemas de gestión hidráulica más interesantes que se conservan en la región. Su construcción comenzó ya en el siglo XVI y el sistema alcanzó un enorme desarrollo durante el XVIII. El agua se almacenaba en estos embalses y se conducía mediante canales para proporcionar energía a las instalaciones mineras, especialmente para accionar bombas y otros mecanismos utilizados en la extracción del mineral.


En total, el sistema histórico llegó a contar con más de 30 embalses, además de una extensa red de canales de recogida y conexión. Es sorprendente pensar que estos paisajes que hoy parecen destinados al ocio y al descanso fueron en realidad una pieza fundamental de una sofisticada infraestructura industrial.


Nosotros terminamos aprovechando precisamente uno de ellos, el tajch Klinger, para combatir el calor del verano. Después de caminar por la ciudad y recorrer el Calvario, no se nos ocurrió mejor plan que darnos un baño y disfrutar un rato del entorno.



tajch Klinger
Tajch Klinger


Una parada que nos sorprendió


Banská Štiavnica no era uno de los lugares más conocidos de nuestro recorrido por Eslovaquia y, precisamente por eso, fue una de esas paradas que terminan sorprendiendo.


Su centro histórico tiene mucho encanto, pero lo que realmente nos pareció interesante fue descubrir todo lo que existe detrás de la ciudad: las minas, las galerías, los castillos, la antigua academia minera y, especialmente, ese enorme sistema de lagos y canales construido para hacer posible la explotación minera.


Es una combinación curiosa de historia, arquitectura, naturaleza e ingeniería que cuesta apreciar del todo hasta que uno conoce el motivo por el que se construyó todo este paisaje.

Para nosotros fue una parada pintoresca, diferente y recomendable. Quizás no sea todavía uno de los destinos más famosos internacionalmente, pero precisamente ahí reside parte de su encanto.


Y después de unas horas de historia, caminatas y baño en el tajch Klinger, tocaba volver a la carretera.


¡Sigamos viajando!

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