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Palacio de Versalles: qué ver y consejos para tu visita

  • Foto del escritor: vandeados - Flor y Juan
    vandeados - Flor y Juan
  • hace 22 horas
  • 6 Min. de lectura

Hablar del Palacio de Versalles es hablar de uno de los símbolos más grandes del poder absoluto de la monarquía francesa. A solo 20 kilómetros de París, este gigantesco complejo fue durante más de un siglo el corazón político, social y cultural de Francia.

Hoy es uno de los sitios más visitados del país y una parada obligatoria para cualquier amante de la historia, la arquitectura y los jardines monumentales.



Palacio de Versalles

Un poco de historia: por qué Versalles es tan importante


El Palacio de Versalles nació como un simple pabellón de caza, pero fue el rey Luis XIV, el famoso Rey Sol, quien decidió transformarlo en la residencia oficial de la corte en 1682.

Desde ese momento, Versalles se convirtió en el centro del poder absoluto: allí vivían el rey, la reina, los príncipes, nobles, ministros y cientos de cortesanos. Todo giraba alrededor del monarca, incluso los rituales más cotidianos como levantarse, comer o vestirse.


Años más tarde, una de las figuras más recordadas del palacio fue María Antonieta, esposa de Luis XVI, famosa por su estilo de vida extravagante y por su trágico final durante la Revolución Francesa.



Por qué los reyes se fueron de Versalles


En 1789 estalló la Revolución Francesa. El pueblo, cansado de los privilegios de la nobleza y de la crisis económica, marchó hasta Versalles y obligó a la familia real a trasladarse a París.

Desde ese momento, el palacio quedó prácticamente abandonado como residencia real.



Qué pasó con Versalles tras la Revolución



La Revolución Francesa, iniciada en 1789, marcó un giro dramático: la monarquía absoluta terminó en 1792 con la proclamación de la Primera República. Durante este periodo, muchas salas fueron saqueadas o abandonadas, y los jardines sufrieron descuidos. Luis XVI y María Antonieta fueron ejecutados, y el palacio dejó de ser residencia real.


A pesar de esto, el Palacio de Versalles no quedó en el olvido. En el siglo XIX, bajo Luis Felipe I, conocido como el “Rey Ciudadano” (1830‑1848), se transformó en un museo dedicado a todas las glorias de Francia, destacando sus victorias militares desde Felipe Augusto hasta Napoleón. Fue entonces cuando se creó la Galería de las Batallas, que conecta el esplendor histórico del pasado con la narrativa nacional francesa. Esta transformación permite hoy que los visitantes recorran un palacio que combina residencia real, museo histórico y espacio cultural.


Desde la restauración de los espacios más emblemáticos hasta la conservación de salas privadas, Versalles ofrece tanto una mirada íntima a la vida de los monarcas como una perspectiva de la historia política y artística de Francia.



Palacio de Versalles: qué ver y consejos prácticos


Recorrer el interior del palacio es como sumergirse en un mundo donde cada detalle refleja poder, lujo y una vida completamente regida por reglas y protocolos. Cada sala, cada galería y cada apartamento real fueron diseñados no solo para ser habitados, sino sobre todo para impresionar y mostrar la grandiosidad del monarca.


El Palacio de Versalles cuenta con cientos de habitaciones distribuidas en una superficie enorme, lo que lo convierte en uno de los edificios históricos más grandes del mundo. Sin embargo, solo una parte está abierta al público: durante la visita habitual se recorren decenas de salas principales, entre grandes salones, galerías monumentales y los apartamentos reales restaurados. El resto permanece cerrado por conservación o uso interno.


Pero más allá de los números, lo que sorprende es la diversidad y riqueza de espacios: desde salones que parecen infinitos hasta habitaciones más pequeñas donde la vida cotidiana se desarrollaba bajo una estricta etiqueta.



La sensación de transitar por un museo vivo


Al recorrer el palacio, se experimenta la sensación de avanzar por un museo vivo: salones ornamentados, muebles antiguos, tapices finamente bordados, esculturas, relojes, retratos de la familia real y enormes cuadros históricos que narran episodios clave de Francia. La decoración recargada envuelve al visitante y genera un impacto visual que puede resultar hasta un poco abrumador.



Principales salas y rincones


La Galería de los Espejos


Probablemente la más famosa. Con 73 metros de largo y 357 espejos que reflejan la luz de los ventanales hacia los jardines, esta galería es un espectáculo de simetría y opulencia. Fue escenario de fiestas, recepciones diplomáticas y de la histórica firma del Tratado de Versalles en 1919. Caminar por ella es casi como transportarse a la corte de Luis XIV en todo su esplendor.




Los Apartamentos del Rey y de la Reina


Estos espacios muestran cómo vivían realmente los monarcas. Desde los dormitorios y salones hasta las antecámaras, cada rincón estaba sujeto a una etiqueta estricta que regulaba incluso actos cotidianos como vestirse, comer o recibir visitas. Observar estos apartamentos permite entender también la enorme opulencia con la que vivía la corte, muy lejos de lo que el pueblo común podía siquiera imaginar.



La Galería de las Batallas


Una sala de 120 metros de largo que narra la historia militar de Francia a través de más de 30 pinturas monumentales, desde la Edad Media hasta Napoleón. Es un ejemplo claro de cómo el arte se utilizaba para educar, impresionar y reforzar la idea de un Estado fuerte y poderoso.





El Gabinete del Consejo


Un espacio más íntimo, reservado para las reuniones políticas del rey con sus ministros. Aquí se tomaban decisiones de Estado que afectaban a todo el país, lo que convierte a este gabinete en uno de los lugares con mayor carga histórica del palacio.



La Capilla Real y la Ópera


Ambas son espacios que sorprenden apenas se entra. La capilla impresiona por su tamaño, la cantidad de luz natural y los frescos que cubren el techo, mientras que la ópera es directamente un shock visual: todo es dorado, con frescos y un rojo intenso que domina la sala y contrasta con el resto del palacio. Es fácil imaginarse ahí a la corte sentada, asistiendo a conciertos y espectáculos en un ambiente que todavía hoy parece sacado de otra época.





Los jardines del Palacio de Versalles


Los jardines ocupan más de 800 hectáreas, es decir, más de dos veces el tamaño de Central Park (Nueva York). Césped impecable, árboles alineados, fuentes simétricas, esculturas estratégicas y bosques que invitan a caminar durante horas.





Pero Versalles no es solo el palacio principal y sus jardines: dentro del parque se encuentran también el Gran Trianón y el Petit Trianon, dos palacios más pequeños que funcionaban como residencias de descanso de la familia real.


El Gran Trianón era utilizado por el rey como refugio más íntimo, lejos del protocolo pesado de la corte, mientras que el Petit Trianon quedó especialmente ligado a María Antonieta, quien lo usaba como espacio personal para recibir amigos y escapar de la vida oficial.





La Aldea de María Antonieta


Uno de los rincones más curiosos del complejo es la Aldea de María Antonieta, un pequeño poblado rural artificial con casas, molino, huertos y lago.


María Antonieta buscaba aquí una vida más simple, lejos del protocolo de la corte, aunque paradójicamente el interior de las casas estaba finamente decorado. Hoy solo se pueden ver algunas habitaciones y espacios decorativos seleccionados, no todas las casas son accesibles al público. El contraste entre este entorno bucólico y el lujo extremo del palacio resulta bastante llamativo.





Sensaciones e impresiones de la visita


Recorrer el palacio puede resultar abrumador. La cantidad de salas, pasillos, obras de arte y detalles es enorme. Por eso, una visita guiada suele ser una excelente opción: te lleva por los rincones fundamentales, te da contexto histórico y te permite entender realmente qué estás mirando.



Increíble el lujo con el que se vivía adentro de ese castillo. Pero lo que más nos impresionó, de todas maneras, fueron los jardines y parques del complejo.


Es de un cuidado extremo, una magnitud que cuesta bastante recorrer dada su extensión. Pero realmente perfecto: simétrico, el Gran Canal, las visuales desde diferentes partes hacia el castillo, los bosques y los verdes impecables.

Y lo más fuera de contexto, sin dudas, es la Aldea de María Antonieta, que contrastaba totalmente con el lujo que se vivía dentro del palacio y parecía pertenecer a otro mundo.



Horarios de apertura


Palacio

Verano (abril a octubre): 9:00 a 18:30

Invierno (noviembre a marzo): 9:00 a 17:30

Cerrado: todos los lunes, 25 de diciembre y 1 de enero


  • Entrada gratuita al palacio el primer domingo de cada mes (noviembre a marzo).


Jardines

Abren todos los días. Gratuitos salvo días de espectáculos de aguas o luces



Consejos para tu visita


  • Sacar entrada con antelación.

  • Dedicarle al menos 4 horas (si te gusta la historia, puede ser tranquilamente un plan de día completo).

  • Llevar calzado cómodo.


Opciones para moverse por la parte exterior si cuesta caminar:


  • Petit Train (9–10 €): pequeño tren turístico que recorre el parque con paradas en los puntos principales, como el palacio, el Gran Canal, el Gran Trianón y el Petit Trianon.

  • Carritos eléctricos: desde 42 € por hora, con capacidad para 4 o 5 personas, ideales para recorrer los jardines a tu ritmo sin cansarte.



Cómo llegar a Versalles desde París


La forma más fácil es tomar el RER C hasta Versailles Château – Rive Gauche. Algunas estaciones céntricas de París desde donde puedes tomarlo son: Saint-Michel – Notre-Dame, Musée d’Orsay, Invalides o Champ de Mars – Tour Eiffel.


  • Duración aproximada del viaje: 30–40 minutos.

  • Costo aproximado: 4 €.



Palacio de Versalles: qué ver y consejos. Este artículo trata de sumergirte en una época donde el poder se mostraba a través del arte, la arquitectura y los jardines. Cada sala cuenta una historia, cada rincón refleja grandiosidad y cada jardín parece diseñado al milímetro. Esperamos que te sirva de inspiración para tu visita al Palacio de Versalles.


¡Sigamos viajando!

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